Capítulo 2Elena se quedó de pie en el centro de la habitación mucho después de que Viktor se fuera. Sus dedos apretaban la bata de seda con tanta fuerza que la tela empezó a arrugarse. Todavía podía sentir el fantasma del pulgar de él en su labio inferior, la forma en que su voz había sonado calmada, segura y aterradora.Su mente daba vueltas. Esto no podía ser real. La habían arrancado de su vida ordinaria y la habían arrojado a esta pesadilla de lujo y control. El caro aroma de la habitación, la suave iluminación, la forma en que todo parecía diseñado para seducir y desarmar… todo le daban ganas de gritar.Lila se movió primero, elegante y sin prisa, como si hubiera hecho esto cientos de veces.—Vamos —dijo con suavidad—. Vamos a limpiarte. Hueles a miedo y a esa grasa barata del diner.Margaret se quedó cerca de la puerta, con la mirada baja, sin decir nada. Parecía un fantasma: bonita, pero desvanecida, como si la vida le hubieran id
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