Capítulo 4Elena pasó el día siguiente entre un sueño inquieto y un despertar intranquilo. Evitaba los espejos que cubrían una pared entera. No quería ver los leves moretones en sus caderas, el enrojecimiento en su cuello, ni la mirada atormentada en sus propios ojos. Cada pequeño movimiento le recordaba la noche anterior: el estiramiento, el calor, la forma en que su cuerpo se había arqueado y temblado a pesar de los gritos silenciosos de su mente.No dejaba de reproducir los momentos en su cabeza, una y otra vez. La forma en que sus manos se habían sentido sobre su piel. La forma en que su propia voz la había traicionado con suaves y quebrados gemidos. La vergüenza ardía en su pecho, pero debajo de ella había algo aún más aterrador: un calor bajo y persistente que se negaba a morir, por más que intentara ignorarlo.Cuando Lila y Margaret finalmente fueron a buscarla por la tarde, Elena no se resistió. Las dejó vestirla con un sencillo pero elegante vesti
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