En cuanto las puertas del elevador se cerraron, el silencio duró apenas el tiempo de llegar a mi piso. Henrique no esperó ni a que llegara a mi escritorio para acercarse, con esa sonrisa de quien acaba de descubrir un boleto premiado de lotería.—Clara, querida... ¡eres toda una sorpresa! —dijo, apoyándose en el marco de mi oficina mientras yo soltaba mi bolso—. ¿La novia de Alex Albuquerque? ¿Por qué no me lo dijiste antes? Podríamos haber agilizado tantas licencias, tantos procesos que están detenidos en la mesa del Secretario...—Henrique, mi relación con Alex es un asunto personal —respondí, intentando mantener la voz firme mientras encendía la computadora—. Eso no tiene nada que ver con mi trabajo aquí ni con los proyectos de la municipalidad.
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