**DAMIAN**“He pasado la mitad de mi existencia auditando el peso exacto de los contenedores de acero y calculando los dividendos de la naviera central, pero ver cómo mi imperio de hierro ha quedado completamente desarmado bajo los pies descalzos de tres niños es el único balance perfecto que mis números jamás podrán registrar”.El atardecer de la costa caía sobre la terraza principal de la villa, tiñendo el horizonte marino de un tono cobrizo, denso. Permanecí de pie junto a la balaustrada de piedra, vistiendo un pantalón oscuro flojo y una camisa de lino gris perla con las mangas recogidas hasta los codos, libre de la rigidez formal de mis viejos sastres de la City, pero manteniendo esa fijeza café inquebrantable fija en el jardín inferior. El aroma dulce del jazmín ascendía desde los parterres nuevos, borrando cualquier vestigio del salitre y la brea de la aduana vieja.Cinco años habían transcurrido desde la madrugada en que las gemelas forzaron las costuras de la clínica privada.
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