Me desperté enredada en sábanas empapadas de sudor, con la luz del sol atravesando las cortinas como dedos acusadores. La cabeza me palpitaba por los restos de la borrachera de vodka de anoche, y mi cuerpo dolía en lugares que no recordaba haber lastimado. Parpadeé mirando el techo, reconstruyendo fragmentos de memoria: gritando al universo, desafiando al Diablo y luego… alucinaciones de cuernos, colas y orgasmos interminables que me destrozaban la mente.Estallé en carcajadas, un sonido ronco y rasposo.«Dios mío, Annabel, qué idiota eres», murmuré para mí misma, incorporándome y frotándome las sienes. «No puedo creer que haya fantaseado con esa mierda. Borracha como una cuba, imaginando al Diablo comiéndome el coño. Patético». La habitación parecía normal: desordenada, silenciosa, sin señales de visita demoníaca. Solo una resaca y un desastre pegajoso entre mis muslos que atribuí a alguna sesión salvaje de autoplacer inducida por el alcohol que no recordaba del todo.Bajé las pierna
Leer más