**AVA DUVAL**A lo largo del día, Ethan me evitó como si yo fuera invisible, como una sombra que no quería reconocer. Cuando quería palmear sus hombros, mi mano se perdía en el aire. Parecía distante y sus habituales comentarios mordaces habían cesado. En cambio, pasó todo el día hablando con alguien por teléfono. De alguna manera, lo descarté como un cambio de humor o tal vez una mala noche. Las últimas dos noches me perseguían. Su mirada tierna cuando nuestros ojos se encontraban, o la forma en que me giraba susurrándome al oído, con la voz ronca y profunda. Sí, esa noche, las cuerdas de mi corazón vibraron. Y cuando llegamos a casa, me dirigí directamente a mi habitación, pasando junto a papá y los invitados que tenía esa noche. Mis dedos se frotaron tanto que gemí fuerte. Me retorcí sobre la almohada, murmurando su nombre mientras me corría con fuerza. Aunque él estaba al otro lado de mi habitación, creé una imagen mental de él, con el sudor goteando de sus abdominales, y
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