Aidan permaneció observando a Asiget después de escuchar su petición. Su expresión no reflejaba enojo, sino cierta reflexión y cautela.—No te tenía encadenada cuando llegaste aquí, ¿lo recuerdas? Esa cadena apareció después. Fuiste tú quien intentó escapar, fuiste tú quien me desafió, quien convirtió cada conversación en un pleito. No me dejaste otra alternativa.—Ya no deseo que las cosas sean así —insistió Asiget—. Le prometo que no sucederá nada de lo que teme. Quiero que... recuperemos lo que teníamos, pero eso no va a ocurrir si sigo estando encadenada.Después de oír aquello, Aidan guardó silencio. Sus ojos recorrieron lentamente el rostro de Asiget, estudiando cada mueca. Ella, por su parte, podía notar que él estaba evaluando sus palabras y sopesando la petición que acababa de hacerle.Durante varios segundos no ocurrió nada. Luego, sin articular palabra, Aidan introdujo la mano en el bolsillo de su elegante pantalón y extendió la mano hacia ella.Al ver aquel movimiento, Asi
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