Marcas doradas recorrían su pecho en patrones brillantes, curvándose en formas que no entendía. Brillaban débilmente bajo la luna, espiralando y tejiéndose a través de su torso, envolviendo sus costados, algunas arrastrándose por sus brazos. No eran aleatorias… parecían símbolos, como algún idioma antiguo presionado en su propia piel. Le daban un aura santa y aterradora, como si no fuera solo fae, sino algo más alto, algo destinado a ser adorado o temido.Se inclinó ligeramente para quitarse las botas, y los músculos de su espalda se flexionaron, suaves y poderosos, cada línea moviéndose bajo su piel. Sus hombros rodaron como rocas bajo seda.Luego sus dedos alcanzaron la hebilla en su cintura.Mi respiración se entrecortó con tanta fuerza que dolió. Mis manos temblaron donde sujetaba el arbusto frente a mí. Mi mente me gritaba que apartara la mirada, que me diera la vuelta y corriera, pero mi cuerpo no escuchaba.El cinturón se soltó, y luego sus pantalones bajaron, lentos y delibera
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