Mateo se encontró a su madre en el antiguo despacho privado de Arturo dentro de la residencia Villanueva, sentado exactamente en el mismo lugar donde su padre había pasado media vida negociando adquisiciones hostiles y destruyendo competidores con una serenidad quirúrgica que siempre le había parecido más cercana a la crueldad que al liderazgo. La habitación conservaba intacto el olor profundo de madera envejecida, cuero caro y tabaco seco impregnado durante décadas sobre las paredes, y aquella continuidad inmóvil le produjo una incomodidad inmediata: incluso después de tantos meses sin ver a Arturo, el espacio seguía sintiéndose ocupado por él.Clara permanecía de pie junto al ventanal, sosteniendo una copa de vino intacta entre los dedos. Se veía cansada. No cansada de una manera física, sino
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