AriellaSus manos recorrieron mi espalda, atrayéndola hacia él en un arco, ofreciendo mis pechos a su boca. Sus labios se cerraron sobre el encaje mientras su lengua acariciaba mi pezón. Gemí y lo mantuve pegado a mí, moviéndome contra su ya rígida erección en busca de fricción.Sabes que me encanta verte correr, pero quiero saber que es mi polla la que te hace gritar esta vez, nena gruñó Richard, tirando con los dientes de la copa de mi sujetador mientras sus manos desabrochaba el cierre en mi espalda.Me parece bien —jadeé, suspirando cuando cambió al otro pecho, esta vez sin la barrera de la tela, con la lengua girando y los dientes rozando suavemente.Le subí la camiseta por la espalda, arrastrándose por encima de sus hombros, y Richard se apartó lo justo para ayudarme a liberarlo.¿Qué te apetece esta noche, mi amor? —ronroneó Richard, ahuecando y masajeando mis pechos mientras sus pulgares rozaron mis pezones.¿Quería que me embistiera por detrás mientras me tiraba del cabello?
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