(Narrado por Zamira)La pantalla de mi teléfono se iluminó a las dos de la mañana con un mensaje proveniente de un número desconocido: «Tengo las coordenadas exactas de las cuentas de desvío de Róterdam que faltan para el juicio. Ven sola a las oficinas del Muelle 4 o las borraré para siempre. No me hagas perder el tiempo, Zamira». En mi desesperación por limpiar el desastre y demostrarle a Cristian que podía enmendar mis errores, no lo pensé. Tomé las llaves de mi auto y conduje bajo la tormenta hacia la zona portuaria, ciega ante el peligro.Cuando estacioné frente al Muelle 4, un olor penetrante a combustible y humo me golpeó de inmediato. Las alarmas de los contenedores comenzaron a sonar y, de la nada, una explosión ensordecedora rompió los cristales del almacén principal. El fuego se propagó en segundos, levantando columnas de llamas naranjas que teñían la lluvia de un color sangriento.Al intentar dar marcha atrás, la puerta del conductor se abrió de golpe. Una mano ensangrenta
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