(Narrado por Nicol)El corazón me golpeaba las costillas con tanta fuerza, con un ritmo tan frenético y desbocado, que por un segundo estuve segura de que Zamira podía escucharlo desde el umbral de la puerta. Sentía la garganta completamente seca y un frío helado subiendo por mis piernas, amenazando con hacerme tamborillar las rodillas en mitad de su pulcro piso presidencial. Sin embargo, los años de fingir sonrisas hipócritas en los cócteles benéficos de la alta sociedad, las galas corporativas y, sobre todo, las implacables lecciones de frialdad y control que mi madre me había grabado a fuego desde la infancia, tenían que servir para algo en este preciso instante. No podía quebrarme. No ahora, cuando tenía el destino de los Del Castillo en la palma de mi mano. No frente a ella.Antes de que Zamira pudiera articular palabra, antes de que su mente analítica procesara el porqué de mi cercanía a su terminal, agaché la cabeza de golpe, doblando las rodillas en un movimiento fluido, rápid
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