La tormenta de nieve golpeaba los cristales de la limosina con un sonido sordo y áspero. Las calles de Chicago se veían completamente vacías y desiertas. El vehículo negro azabache avanzaba a toda velocidad, abriéndose paso a través del viento nocturno en dirección a la zona portuaria.En el interior de la cabina de pasajeros, el ambiente se sentía sumamente tenso. Noah estaba sentada en la orilla del asiento de cuero. Sus ojos no dejaban de vigilar la firme espalda del hombre al volante. Los peores escenarios posibles giraban desbocados en su cabeza: si fracasaban en su intento por recuperar el documento de manos de Tristan, Nathan sería arrastrado de vuelta a la fuerza a una celda de aislamiento.
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