22. El arrogante Tristan Vance
El anillo de diamantes no logró llegar a su destino. Tristan cerró la caja de terciopelo azul con una risa ligera y sumamente forzada. Los flashes de las cámaras continuaron destellando, grabando cada segundo de tensión en la sala de estar.—Mi futura esposa siempre se pone nerviosa si los medios la acosan tan temprano —se excusó Tristan, dirigiéndose a los camarógrafos. El arrogante hombre volvió a guardar la caja del anillo en el bolsillo de su chaqueta—. Lo hablaremos en el camino, cariño. Nuestro auto ya nos está esperando en el sótano.Noah no respondió a esa broma barata. La Reina de Hielo dio media vuelta y caminó a paso rápido hacia el ascensor privado, sin siquiera mirar atrás.Nathan la siguió de cerca, caminando justo a sus espaldas. El guardaespaldas de las sombras fulminó a los camarógrafos con la mirada, asegurándose de que no siguieran a la CEO al interior del cilindro de metal. Las puertas del ascensor se cerraron, aislándolos del circo mediático de Tristan.Al llegar
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