ÉL gruñó ante su toque, con sus caderas moviéndose espasmódicamente.—Todo tuyo, nena. Todo para ti. —Empujó hacia adelante, presionando la cabeza de su miembro contra la entrada húmeda de ella. Estaba estrecha, increíblemente estrecha a pesar de su tamaño. Sus músculos se contrajeron a su alrededor, haciéndolo jadear.—Oh, Dios, estás tan estrecha —gruñó él, presionando un poco más fuerte.Ella gimió, con el cuerpo tensándose.—Ha pasado mucho tiempo, Leo. Sé gentil.Él asintió, con los ojos fijos en los de ella. Empujó lentamente, pulgada a agonizante pulgada, sintiendo cómo sus músculos se estiraban y cedían a su alrededor. La fricción era increíble, extremadamente caliente y húmeda en contraste con el aire frío de la habitación. Sintió que sus testículos chocaban contra el monte suave de ella mientras se enterraba lentamente en su interior.Una vez que estuvo completamente adentrado, se detuvo, permitiendo que ambos se adaptaran a la exquisita plenitud. La feminidad de ella lo suj
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