~JamesEl gimnasio tenía esa energía de la tarde. Mientras tanto, mis piernas se sentían como plomo al entrar. Cada paso que daba me recordaba el día de piernas de ayer.Saludé con un rápido “¿qué tal?” a los habituales, chocando puños con algunos chicos antes de derrumbarme en un banco para recuperar el aliento.Estaba revisando mi música cuando Evan, un buen tipo del gym al que había visto por ahí, se acercó. Siempre parecía estar en mi visión periférica, pero rara vez hablábamos más de unas pocas palabras.—Ey, James. ¿Qué pasa, tío? —preguntó, extendiendo la mano para saludarme.Me quité los auriculares. —Estoy bien, tío. Solo siento el ardor de ayer. Tengo las piernas destrozadas.Evan inclinó la cabeza, sus ojos recorriendo mis cuádriceps. —¿En serio? Sabes, podría echarte una mano. Soy bastante bueno quitando la tensión. Podría masajearte ese dolor y quitártelo.Parpadeé, genuinamente sorprendido. —¿De verdad? ¿Lo harías?—Sí, tío. No es nada. Podemos usar esa colchoneta
Leer más