Me resultaba muy difícil acomodarlo todo. Era simplemente demasiado grande. Me dolía la mandíbula, así que mami se inclinó y empezó a masajearme la cara, empujándome las mejillas para obligarme a abrir la boca aún más.
—Eso es, Becca —susurró, con voz oscura y excitada—. Abre bien. Métete toda la enorme polla de papi en la boca. Tienes que aprender a ser una buena chica.
—Uh… uhh… ¡gugugu!
Hice esos sonidos ahogados mientras intentaba metérmelo. Pero papi no esperó a que me acostumbrara. Me aga