Capítulo 27—Un momento, Fifi, pellízcame si me equivoco. ¿Te dejó después de vuestra primera noche juntos? ¿Sin decir una palabra? —dijo Kayla, moviendo los dedos de forma extraña. Max parecía como si acabara de ver morir a un cachorro. Los tres estaban en la habitación de Sophie, con un tazón de cacahuetes tostados delante.Max la había seguido a casa desde el trabajo porque la veía pálida y triste. Encontraron a Kayla en la habitación, ya en pijama, con el tazón de cacahuetes delante. Se unieron a ella, pero Sophie seguía de mal humor, así que Kayla la obligó a contarlo, y lo hizo.Kayla tragó saliva con dificultad, parpadeando aún por el silencio de la habitación.—¿Por qué no me pellizcas? ¿Sophie? ¡Por Dios! ¡Lo voy a matar! —gritó Kayla, poniéndose de pie, pero Max la arrastró de nuevo a sentarse con un brazo.—Para, estás exagerando. No ayudas en nada. Además, no tenemos ni idea de qué le pasó. Hasta que Sophie no pueda contactar con él y hablar con él como es debido, no podre
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