Capitulo 26. Marcas
Luego de esa vez en la oficina, William no le había dado tan fuerte nunca más.De hecho, el fin de semana siguiente, estaban ambos acostados en su cama —en la casa de él—. La habitación estaba en penumbras, apenas iluminada por la luz suave de una lámpara de noche. William la abrazaba por la espalda, su pecho pegado contra la piel tibia de Simi, respirando el aroma dulce y ligeramente floral de su cabello. Sus dedos rozaron sin querer una de las marcas que aún se veían en su nalga izquierda, un leve moretón amarillento que empezaba a desvanecerse.Las marcas que solía dejar en la piel de sus spankees solían excitarlo profundamente: el contraste de rojo sobre blanco, la calidez hinchada bajo sus yemas, la prueba tangible de su dominio. Pero por primera vez sintió algo diferente. Culpa. Una culpa pesada, ácida, que se instaló en su estómago y le apretó el pecho. Sintió culpa por haberla marcado tanto, aún si ella en ese momento lo había disfrutado con gemidos roncos y lágrimas de placer
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