Durante los días previos al esperado banquete, Tess se esforzó por ocultar su entusiasmo y los planes que había trazado con meticulosidad en su mente. Se dedicó a fingir resignación frente al conde, mostrando obediencia en la cama y evitando mencionar el pasado que tanto enfurecía a Alexander. Endulzó su comportamiento para que él no sospechara de sus verdaderas intenciones. Se mostró amable y hasta cariñosa, todo con el fin de no despertar el recelo del padre de sus hijos.Y funcionó. Alexander bajó la guardia, convencido de que Tess finalmente había aceptado su destino.Horas antes de partir en carruaje hacia la residencia del duque, media docena de criadas se encargaron de preparar a la esposa del conde. La vistieron con un elaborado vestido de satén color marfil, que reflejaba delicadamente la luz con ligeros destellos dorados. El corsé, ajustado a medio busto, le comprimió las costillas, mientras que las mangas caídas dejaban al descubierto la piel pálida de sus hombros. La falda
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