Laís apareció en la entrada, acompañada por su padre, Francisco.El vestido blanco era romántico, de líneas suaves, delicado y de corte ligero, como si hubiera sido hecho a medida para aquel escenario. El velo acompañaba sus pasos con ligereza, y su sonrisa, suave, y sus ojos brillantes por la emoción, iluminaban todo a su alrededor.Francisco caminaba orgulloso, sujetando el brazo de su hija con firmeza y ternura. Sus ojos también estaban emocionados, pero su sonrisa era plena.Carlos no pudo contenerse.En cuanto la vio, las lágrimas brotaron libres, silenciosas, resbalando sin ningún tipo de vergüenza. Se llevó la mano a la cara, intentando disimular, pero pronto desistió. No quería ocultar lo que sentía.—Es el amor de mi vida… —murmuró, con la voz entrecortada.Fernando se dio cuenta y sonrió; Natália apretó ligeramente la mano de su marido, emocionada, y las lágrimas también brotaron.Paso a paso, Laís se acercaba al altar. Sus ojos se encontraron con los de Carlos, y en ese ins
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