—Cariño, ¿qué pasa? ¿Por qué estás tan arreglada? —La voz de Audrey resonó en la habitación mientras entraba y veía a su hija, Tiffany, mirándose en el espejo.Tiffany miró a su madre y sonrió: —Una fiesta.—¿Una fiesta?—Sí, mamá, me llevo bien con los amigos de Brent, así que me han invitado a una fiesta —dijo sonriendo, retocándose el maquillaje.—Qué bonito. ¿No vas demasiado arreglada para una fiesta o es que…? —Audrey la miró con recelo, con una sonrisa burlona en los labios.Tiffany, que pareció entender la indirecta de su madre, soltó una carcajada. —Ay, mamá, ya basta. Es una fiesta, de verdad, y no voy demasiado arreglada, me siento más ligera así —dijo mientras se ajustaba el vestido.—Vale, cariño, ¿volverás, verdad?—Eso es lo que no tengo claro. Pero no te preocupes, si no voy, me quedaré a dormir en casa de Brent y volveré mañana.—¿Brent también va?—Sí, son sus amigos, así que él también vendrá y será quien me recoja. —Sonrió, intentando no sonrojarse delante de su ma
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