Tiffany gimió cuando sus dedos se deslizaron bajo su vestido, acariciándola y provocándole escalofríos. Sus manos libres se hundieron en su cabello, atrayéndolo hacia sí mientras su beso se intensificaba.Sus manos y besos recorrieron su vientre, sus dedos jugando con la cinturilla de su ropa interior. Tiffany no pudo evitar gemir: «¡Por favor, fóllame ya!».Brent sonrió con picardía, devolviéndole el beso en la oreja, rozando la zona con su lengua y su aliento caliente, que le hormigueaba la piel, encendiéndola.Finalmente susurró: «¿Quién quieres que te folle?».«Tú», gimió ella de nuevo, sintiendo su dureza rozando sus muslos.«No, suplícalo como si quisieras que lo hiciera», la provocó, deslizando sus manos dentro de sus bragas mientras frotaba su humedad, ganándose otro dulce gemido de ella.Sonrió, consciente del efecto que tenía en ella. «¡Brent, fóllame ya!», gimió Tiffany, con voz exigente e impaciente. Brent quería provocarla más, pero sintiendo su pene a punto de estallar,
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