TURTELANunca, en toda mi existencia dentro del castillo, había sentido un silencio como este. La incomodidad y la tensión eran palpables, todos lo sentían… pero nadie podía ponerle nombre.Probablemente debería haberme quedado en mi habitación, sumergida en un baño caliente con una copa de vino, disfrutando de la privacidad.Pero la curiosidad pudo más.Y entonces la vi.Serenia.Sentada con total comodidad, como si fuera una invitada más después de la locura que había provocado. Como si perteneciera aquí.—De verdad que tienes valor —escupí—. Después de atacar a mi madre, después de todo el daño que has causado, aquí estás… sentada como si fueras bienvenida, cuando tu presencia es veneno para todos nosotros.Di un paso más, mi voz afilándose.—¿Merodeando como un fantasma? ¿Planeando otro ataque? ¿O esperando que alguien sienta lástima por ti?Ni siquiera parpadeó.—Ninguna de las dos —respondió con calma—. Estoy en paz. En un lugar donde, por primera vez en mucho tiempo, soy bienve
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