Me incliné cerca, mi agarre en su muñeca todavía firme. —Juro por todo —murmuré, con voz baja, peligrosa, goteando de hambre—, que si me das esto abrumador que estoy viendo ahora mismo… nunca volveré a pensar en acercarme a tu hija.Ella se estremeció, dividida entre la rabia y algo más, algo que su cuerpo no podía ocultar del todo.Su pecho se agitaba, haciendo que sus pechos rebotaran, los pezones tensos contra la fina tela como si estuvieran rogando que los mordiera.Mi sonrisa se convirtió en una sonrisa feroz, afilada y salvaje.—No tienes idea de cuánto tiempo llevo deseando esto, ¿verdad? —susurré, dejando que mi mano libre se deslizara desde su brazo hasta la curva de su cintura, rozando el borde de su sostén.—¿Crees que solo he estado mirando a Lily? No. Te he visto a ti, cada maldito día. Caminando por esta casa como si no supieras lo tentadora que eres. Y ahora… —Mi pulgar rozó justo debajo de su pecho, haciéndola jadear—. Ahora eres mía.Sus labios se separaron, sus ojo
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