Theo la observó un instante antes de negar con la cabeza, con una sonrisa irónica asomando en sus labios. —Siempre has sido pésima mintiendo. Sea lo que sea que haya pasado aquí, sabes que tarde o temprano lo averiguaré. —Dio un paso más cerca, bajando la voz—. Así que mejor dímelo ahora.La intensidad de su mirada, la crudeza de su voz, destrozaron el poco valor que le quedaba. Respiró hondo y, con voz baja, casi quebrada, dijo: —Sebastian me besó.Sintió que Theo se tensaba, que todo su cuerpo se quedaba inmóvil, como una tormenta que se gesta en silencio antes de estallar con toda su fuerza. Pero no explotó. Ni siquiera alzó la voz. En cambio, su rostro se volvió extrañamente inexpresivo. Apretó la mandíbula y cerró los puños a los costados antes de retroceder lentamente, creando distancia entre ellos.Camille contuvo la respiración.Cuando finalmente habló, su voz era baja, demasiado baja. —¿Dejaste que te besara? La absoluta calma de su tono la aterrorizó más que si hubiera grita
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