CAPÍTULO 50Elisa estaba sentada frente a su tocador, aplicándose maquillaje con movimientos bruscos y precisos, como si se estuviera pintando para la guerra. En el reflejo del espejo, veía a su esposo ajustándose la corbata con una lentitud exasperante.— Ya no sé si es buena idea separarlos, Rodri
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