Narrado por Sophie.La noticia llegó como un mazazo en medio de la noche. No hubo preparación, no hubo advertencia, no hubo manera de suavizar el golpe. Solo el teléfono sonando en el silencio de mi habitación, la voz de Helena al otro lado, temblorosa y rota, y las palabras que cambiaron mi vida para siempre.—Sophie —dijo, y su voz era tan frágil que apenas la reconocí—. Tu madre ha muerto.El mundo se detuvo.No hubo llanto, no hubo gritos, no hubo ninguna de las reacciones que uno espera cuando recibe una noticia así. Solo un vacío, un agujero negro que se abrió en mi pecho y comenzó a devorar todo lo que había dentro de mí. Las palabras de Helena se desvanecieron en el aire, y yo me quedé allí, sentada en el borde de mi cama, con el teléfono aún pegado a mi oído, sintiendo que el suelo se desmoronaba bajo mis pies.—Sophie —dijo Helena nuevamente, y esta vez su voz sonaba más cerca, como si estuviera tratando de atravesar el muro que se había alzado entre nosotras—. ¿Estás bien?
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