El funeral de Victoria Winchester fue una ceremonia íntima, celebrada en una pequeña capilla en las afueras de Ginebra, rodeada de montañas cubiertas de nieve y un cielo gris que parecía llorar con nosotros. Solo asistimos los más cercanos: William, Sophie, Luciana, Victoria, la pequeña, y yo. Charles, que seguía en Inglaterra, no pudo viajar, pero envió una carta que leímos en voz alta durante la ceremonia, y sus palabras, llenas de amor y gratitud, hicieron que todos rompiéramos en llanto.—Mi abuela Victoria fue una mujer fuerte —escribía Charles—. Una mujer que enfrentó tormentas que la mayoría de nosotros no podríamos imaginar. Y aunque no pude conocerla como me hubiera gustado, sé que su legado vive en cada uno de nosotros.William sostuvo la carta con manos temblorosas, y cuando terminó de leer, guardó silencio durante un largo momento. Luego, lentamente, alzó la vista hacia el cielo gris.—Descansa en paz, mamá —susurró—. Siempre te recordaré.Sophie, que estaba a su lado, pus
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