Marek traga saliva, jamás había estado en esta posición, pero podía hasta agradecer haber quedado de esta manera solamente por la sensación de sentirse cabalgado por una hembra como ella, porque ella era quien cabalgaba.Todo su cuerpo se concentraba en la sensación de sentir que ella lo domaba.De forma instintiva, Marek cede el control ante ella.Las embestidas, los brincos, los jadeos se volvían una especie de reto para ver quién aguantaba más el placer, sin caer en la necesidad de explotar.Malía se agarra el cabello, desesperada, nerviosa y necesitada por explotar.—Vamos, cariño, vamos. Tú puedes. Entrégamelo. Dámelo. Tú y solamente tú puedes. Gritar de éxtasis y placer como me gusta— declara Marek al mismo tiempo que con una de sus manos coloca el dedo pulgar en el punto de placer y lo acaricia, guiándola hasta la cima.El cuerpo de Malía parece romperse en mil pedazos al no poder contener tanto placer y cae desmayada, debilitada, con las piernas temblorosas sobre su pecho.Ma
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