Valerius mira sus manos, ahora ya no eran grises.Habían tomado el tono correcto de su piel y podía mantenerse sobre sus pies.Tocan a la puerta.— Adelante— dice él, con una voz un poco más profunda y un poco más fuerte.Del exterior llega el curandero y, sin dudar, un solo momento, como una especie de salvador, comienza a cuestionar.— ¿Qué pasó? ¿Por qué gritaba su alteza? ¿Qué sucede? —Dice él, buscando debajo de la cama, buscando en los áticos, buscando en el baño para después ir a dar al balcón, ahí justo a donde había visto la sombra.— ¿Cómo? ¿De qué hablas? — Pregunta Valerius confundido.— No quería que lo supiera…— Susurra el curandero — Pero yo no descanso— volteándose a mirar directamente el rostro del rey, antiguo rey. —Solo quiero que sienta y sepa que estoy dispuesto a cuidarlo.— Solo fue una pesadilla, una pesadilla que demuestra que estoy más fuerte, lo suficiente como para tolerar el dolor.El curandero se encoge de hombros.— Sí, claro, eso podría ser.Su mirad
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