Punto de vista de RyderNo podía explicar la razón por la que entré a la cocina, por la que hice esa pregunta, por la que besé su cuello. Sabía que ella se sentía incómoda, yo también lo sentía, así que tuve que dejarla ir. Por mi bien y sobre todo por el de ella.Regresé a mi estudio por esa noche, caminando de un lado a otro.“Tienes que mantenerte bajo control,” grité golpeando la pared. No quería hacerle daño. Por mucho que la amara, no podía estar con ella aunque quisiera. Decidí verter mi enojo en el trabajo. Tomé el primer documento, luego el siguiente, y nuevo papeleo. Pero no podía concentrar mi mente en eso, mi alma estaba con ella, mi espíritu inquieto y mi cuerpo necesitado.Sí, la quería. Todavía podía percibir su aroma, podía olerla.“Esto no puede estar pasándome a mí,” susurré mientras colocaba una de mis manos sobre mi creciente longitud. “Tal vez debería ir a verla. Eso podría calmar mis deseos,” pensé.Me levanté con la intención de dirigirme a la cocina, pero noté
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