Ginevra GiovanniLlevaba un vestido blñanco pr segunda vez en mi vida, pero esta vez, este era sencillo, entallado a la figuera y con una falda suelta muy cómoda, agradecía que mi estómago no estuviera todavía abultado, aunque era evidente que mis curvas ahora estaban más pronunciadas, esta vez, no habían familiares que detestaba, no habían personas que me odiaban a mí o a mis raíces, esta vez solo eramos Mikhail, mi hermano, Dimitri, dom y yo. Rodeados de guardias armados hasta los dientes mientras un juez en el juzgado se preparaba para recibirnos y casarnos esta vez por la ley.Las personas en el palacio de justicia nos observaban, curiosos por nuestra pequeña boda. Y observaban más atentamente a Mikhail, que parecía más grande que la vida, con un traje negro completamentente, hecho a la medida. Y un ramo de flores blancas en una de sus manos, mi ramo de flores, de hecho, lo llevaba porque hacía rato me había cansado de sostenerlo, pero él no había acelerado el proceso, estabamos c
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