Elena no se defendió.Se volvió impenetrable.Y en el instante en que el silencio terminó de asentarse tras las palabras de Isabella, algo cambió en la forma en que sostenía la mirada, en la manera en que ocupaba el espacio, en la precisión casi inquietante con la que su presencia se volvió más… definida. No era una reacción impulsiva ni una emoción desbordada; era una decisión, una que se había estado formando desde mucho antes de que aquella acusación cruzara la línea que no debía tocarse.Cuando habló, no hubo rastro de tensión en su voz.—¿Han terminado?La pregunta no fue desafiante. Fue limpia. Directa. Y, sin embargo, suficiente para romper la inercia que Isabella había construido.Nadie respondió de inmediato. El comité, que hasta hacía unos segundos parecía inclinarse hacia una conclusión peligrosa, dudó. No porque la duda hubiera desaparecido, sino porque, por primera vez desde que comenzó la exposición, Elena no estaba reaccionando a lo que le habían hecho. Estaba tomando e
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