DAMIAN WINTEREl sonido de su "sí" fue la pieza final encajando en su lugar, el clic de una cerradura abriendo un futuro que, hasta que ella apareció, ni siquiera sabía que deseaba. Las lágrimas que corrían por su rostro no apagaban su belleza; era la mujer más hermosa que existía en el universo.Deslicé el anillo en su dedo y pareció encontrar su lugar. Verlo ahí, en su mano, era una marca. Mía. Ella era mía. Y yo era irrevocablemente, incondicionalmente, suyo. Me levanté y ella se lanzó a mis brazos. Su beso era salado por las lágrimas y dulce por sus labios. La agarré por la cintura, atrayéndola con fuerza contra mí, intentando absorberla, fundirme con ella. Cada fibra de mi ser vibraba con una posesividad feroz y una adoración sin límites.—Te amo —murmuré contra sus labios, demostrándole todo lo que me hace sentir.—Yo también te amo —respondió, sonriendo, antes de besarme de nuevo.Con desgana, me alejé lo suficiente para guiarla hasta la mesa. Durante la cena, apenas toqué mi c
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