Este hombre siempre había sido mi enemigo declarado. Incluso desde que yo era una niña me odió. Lo sabía. Podía sentirlo en su mirada perversa. —¡Tú no deberías estar aquí, maldita niña humana! El dolor estalló en mi cráneo al sentirlo tirar fuertemente de mi pelo. Mis ojos se llenaron de lágrimas pero las contuve. Siempre que él veía mi debilidad era mucho peor. —¡No es tu lugar, este es el lugar de mis cachorros, no tuyo! Parpadeé saliendo del recuerdo, volviendo al presente. Al ver que yo no me movía él dio un paso en mi dirección y yo di otro alejándome de él. —Tú no eres mi padre. Él sonrió como si dijera un chiste. —No te acerques a mí. —Ah, el viejo rencor. Tenemos intereses en común cariño, no deberías tratarme así, me rompes el corazón. —Tú no tienes corazón, sal de aquí, ahora. Él se lleva una mano al pecho como si le dolieran mis palabras pero lo conozco mejor que eso. —Vamos Alex, no seas rencorosa, deberías escucharme. —No me da la gana,
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