La lluvia golpeaba suavemente los enormes ventanales del despacho alfa, creando un telón de fondo constante y melancólico. Habían pasado tres semanas desde que Ronan regresó a la mansión mientras que Lyra seguía distante en muchos aspectos. Todavía había heridas abiertas entre ellos, conversaciones que evitaban tocar y silencios demasiado pesados para llenarlos con palabras vacías. Sin embargo, ya no dormían separados. Algunas noches ella despertaba alterada por pesadillas, y Ronan simplemente la abrazaba sin hacer preguntas, rodeándola con su cuerpo grande y cálido hasta que su respiración volvía a calmarse. Para él, eso ya era suficiente.Ronan permanecía de pie frente al enorme ventanal, con las manos entrelazadas detrás de la espalda. Vestía completamente de negro, como siempre, aunque había algo distinto en su postura últimamente. Más cansancio en los hombros, pero también una calma nueva. La puerta se abrió detrás de él dando paso a Aaron quien entró en silencio, cerrándola
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