Perspectiva de CloeEl estruendo de la lluvia contra los ventanales del loft se había transformado en un murmullo constante y rítmico, un arrullo que nos aislaba del resto del mundo. Dentro del apartamento, la temperatura era perfecta, cálida y cargada de una intimidad que nunca creí posible experimentar con un Russo.Habíamos decidido no movernos de la cama. Dominic se había encargado de traer una bandeja con lo que había podido encontrar en la pequeña despensa que él mismo había surtido: un poco de queso artesanal, fruta fresca, pan recién horneado que aún conservaba un rastro de calor y dos copas de vino tinto. No era el banquete de gala de la mansión, pero para mí, sabía a la libertad más absoluta.Dominic estaba sentado, apoyando su espalda contra la cabecera de madera oscura de la cama. Yo me encontraba frente a él, dándole la espalda, apoyando todo el peso de mi cuerpo contra su pecho firme. Sus piernas rodeaban mis caderas, manteniéndome anclada a él como si fuera lo único sól
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