Perspectiva de Dominic
Desperté con la sensación de que alguien me había abierto el cráneo y lo había rellenado con arena caliente. La luz que entraba por los ventanales del ático de Spencer era un castigo divino. Me tomó varios segundos recordar por qué no estaba en mi cama en la mansión o en el loft, y por qué mi mano derecha palpitaba con un dolor sordo. Mis nudillos estaban hinchados, un recordatorio sangriento de mi arrebato de la tarde anterior.
Traté de incorporarme en el sofá, pero el m