Punto de vista de Elena¡Zas, zas, zas, zas!El sonido llenaba la estéril y brillantemente iluminada habitación del hospital, vibrando contra las impolutas paredes blancas y resonando directamente en lo más profundo de mi corazón.¡Zas, zas, zas, zas!Era un ritmo rápido, frenético y hermoso. Una percusión galopante de vida pura e innegable.Estás embarazada.Miré fijamente el monitor en blanco y negro, conteniendo la respiración, con las manos cubriendo mi boca mientras las lágrimas calientes y silenciosas surcaban los restos de mi maquillaje. La pantalla ya no era una confusa mancha de estática y sombras. Era una ventana a un universo que no tenía ni idea de que llevaba dentro hasta ahora.—Dieciséis semanas y cuatro días, según la longitud desde la coronilla hasta las nalgas —murmuró la Dra. Evans, su voz un ancla suave y firme en medio del huracán psicológico que me azotaba la mente. Movió ligeramente la varita de plástico sobre el gel azul helado de mi vientre, ajustando el ángul
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