SHANEEntré en mi ático y me recibió el familiar aroma a cuero y madera pulida. En la puerta, Peter me esperaba, haciendo una leve reverencia. —Señor Lewis —dijo con voz tranquila pero atenta.Asentí levemente y, sin decir palabra, me abrió la puerta. Entré, pensando ya en mi siguiente movimiento.—Peter —dije, apoyándome un poco en el marco de la puerta—, prepara mi avión. Nos vamos de nuevo. Dirígete a Cárdenas.Peter pareció algo sorprendido. —Señor… ¿volverá a estar con la señorita Marcella?Asentí, dejando que una leve sonrisa asomara en mis labios. —Sí.Dudó un instante, con curiosidad en el rostro. —Señor… ¿sabe ella de usted?Me dejé caer en el sofá, soltando un largo suspiro, y luego reí entre dientes. —No. Cree que soy un gigoló. Negué con la cabeza, como si la idea me divirtiera. Peter parpadeó, atónito. —¿Qué?Me masajeé la frente, intentando ordenar mis pensamientos. —Cuando la conocí, pensó que era un gigoló. No sé por qué, pero al principio quería seguir siéndolo. De es
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