SHANEMe quedé junto a su cama, observándola respirar lentamente, y por primera vez desde que todo sucedió, me permití sentir el peso de todo. Sentía el pecho oprimido, no solo por la rabia, sino también por una culpa que ya no podía ignorar.—Lo siento —dije en voz baja, más suave de lo que esperaba, mientras la miraba—. No debí haberte dejado antes, aunque solo fuera para arreglar el ático, debí haberme quedado contigo, pasara lo que pasara.Marcella me miró, con los ojos aún débiles pero serenos, y eso solo hizo que me costara más hablar. No me culpaba, y de alguna manera, eso me hacía sentir peor.—Estaba arreglando todo —continué, intentando explicar aunque sabía que no cambiaría lo sucedido—. Quería llevarte a un lugar seguro, donde nadie pudiera alcanzarte, pero mientras no estaba… pasó esto.Levantó lentamente la mano y tomó la mía, con un agarre débil pero firme. —Regresaste —dijo suavemente. “Eso es lo que importa.”Sus palabras me oprimieron el pecho de nuevo, y apreté lige
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