—Sí, sí… ¡deténgase aquí! —dijo Liora con urgencia, su voz tensa.Antes de que el taxi se detuviera por completo, ya estaba abriendo la puerta. Pagó rápidamente, sin esperar el cambio, y salió apresuradamente, dirigiéndose hacia la entrada de la escuela. Su corazón latía con fuerza en el pecho, cada paso impulsado por la ansiedad.Todo había ocurrido demasiado rápido. Un momento estaba en la panadería, organizando los pasteles y atendiendo a los clientes, y al siguiente… recibió la llamada. La voz de la directora había sido calmada, pero sus palabras no lo eran. Una pelea. Otro padre exigiendo su presencia.Liora no lo pensó dos veces. Dejó todo y salió de inmediato.Ahora, mientras caminaba con rapidez por el recinto escolar, su mente no lograba calmarse. Imágenes aparecían una tras otra: Avery llorando, Avery herida, Avery sola. Dos años habían pasado desde su nacimiento, pero la preocupación nunca había desaparecido. Si acaso, se había vuelto más fuerte, más constante.—Ya voy… ya
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