La habitación aún conservaba ese intenso aroma a hierbas.Serena estaba sentada junto a la cama de su padre, con los dedos fuertemente apretados alrededor de su mano.Sentía su piel más fría que la noche anterior, el calor se desvanecía poco a poco, como si la vida se le escapara lentamente.Serena se inclinó ligeramente hacia adelante, con voz suave.“Padre…”Seguía sin haber respuesta, incluso después de lo que pareció la centésima vez…Sintió un nudo en la garganta, pero se obligó a continuar.“Ya están hablando”, susurró. “Los ancianos… han empezado a decidir qué va a pasar después”.Apretó aún más su mano.“Como si ya te hubieras ido”.El silencio fue su respuesta.Le ardían los ojos, pero se negó a dejar caer las lágrimas.Ahora no.“Me dijiste que luchara”, continuó, con la voz más firme. “Me dijiste que les plantara cara”.Hizo una pausa mientras tomaba aire. —Bueno… lo intenté.Sus labios temblaron ligeramente.—Y fracasé.Esa palabra resonó en su cabeza.Su mente se desvió b
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