—Ya es muy tarde para hablar de ese tema —dijo Kris.—¿Tarde? ¿Por qué es tarde? ¿Tienes a alguien en Yucán?—No, pero tú sí tienes —Arvid sonrió—. Y por respeto a esa mujer no deberías escarbar en el…—Es mi secretaria, solo eso. No tengo a nadie, Kris. No dejé tiempo para buscarte un reemplazo, ya que quiero llevarte por siempre en mi corazón.Aquellas palabras la gratificaron. En serio quiso lanzarse a sus brazos y decirle cuánto lo amaba, pero no sabía si él deseaba ese abrazo y ese beso tanto como ella. Por ello simplemente respondió:—Yo no quería casarme, Arvid, y te lo hice saber muchas veces cuando hablaba de mi carrera y de lo que quería hacer. Y cuando tú hablabas de un hogar, hijos, unas largas vacaciones en Valleral, viajes en familia recorriendo el mundo… veía difícil lograr lo que quería, porque tú soñabas con una cosa y yo con otra.No lo miraba cuando hablaba, pero él sí.—¿Creíste que no te dejaría realizar tus sueños? ¿Que los truncaría solo para conseguir los míos?
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