A todos las torturas comienzan a causarle demasiado dolor, por lo que, me siento observando como cada vez que bajo la palanca escucho los gritos llenos de dolor de hombres que no deberían considerarse humanos.— ¡Detente! — grita Damián mientras sangra mucho su boca.— No puedo, aun no me has dicho donde se encuentra mi hijo. — respondo con frialdad.— Nuestro hijo, Sandra.— Vete a la mierda, Kael. — digo con molestia.Tal parece que Kael sabe que no estoy para bromas, ya que, se queda en silencio, mientras muevo la palanca para que no vuelva cenizas los órganos de estos desgraciados que solo merecen su final.— Vamos a hablar.— Eso era lo que intentaba tener contigo, pero, te negaste a comportarte y por eso, estamos en esta situación.— Se siente bien, realmente muy bien, continua. — dice el pequeño bastardo con esa mente tan retorcida
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