|Capítulo: Confesión|CAMILACuando Diego llegó a las nueve de la mañana, no le abrí la puerta, había rodeado todo el lugar, hasta llegar a una de las ventanas. Era muy escandaloso, ni siquiera avisó que vendría, llegaba de la nada y esperaba a que estoy estuviera en la puerta, lista para abrirle y darle la bienvenida, como si fuera su casa.Escuchaba su voz.Si no quería dejarlo entrar a mi casa, ¿por qué demonios insistía?—¡Camila!¡Maldito!Intenté ignorarlo hasta que Izan y yo hicimos todo, aunque su voz estaba por todo el lugar, su hijo ya reconocía su voz, por lo que los ojos de Izan no dejaban de moverse, buscando a su padre.—Ya no podemos hacerlo esperar más, pero verá que aquí no nos movemos a su ritmo o cuando él quiera. Merece un castigo y será uno lento y largo. —Tomé a Izan y salimos por la puerta principal, él estaba del otro lado, junto a una ventana, queriendo mirar hacia dentro, pero yo había puesto las cortinas para que no espiara—. ¡Ya estamos aquí! —le grité para
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