La segunda bebida no la llevó al descanso.La empujó.La arrastró hacia un lugar donde el tiempo giraba sobre sí mismo y el cuerpo dejaba de ser límite para convertirse en lenguaje.Paula perdió la noción del suelo, del frío, del peso de su propia respiración. La cueva dejó de existir como espacio físico y se transformó en un vacío espeso, denso, cargado de una energía que vibraba bajo su piel.En ese centro suspendido, aparecieron ellos.No como recuerdos.Como fuerzas.Mike se materializó a su derecha, impecable, controlado, con esa precisión que no necesitaba esfuerzo para imponerse. Su sola presencia ordenaba el aire. Cada gesto suyo parecía calculado, medido, inevitable.Leo surgió a su izquierda, crudo, encendido, con el torso desnudo cubierto de un brillo húmedo que reflejaba
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