Capítulo 31En la cena, Vlad comió poco, moviendo el tenedor más por apariencia que por necesidad. Elena, en cambio, parecía disfrutar realmente de cada plato.— No comes mucho —comentó ella, saboreando otro trozo del pescado asado.Él la miró con calma y una sonrisa dijo:— Necesito mantener la forma.Ella rio ante su ocurrencia.— Yo no tengo facilidad para engordar, así que como bien.Después, fueron al salón. Ella tomó el libro y se sentó en la alfombra mullida frente a la chimenea. La lluvia comenzó a caer, el viento sopló contra las ventanas, trayendo consigo un aire frío que hacía aquel rincón aún más acogedor. La chimenea crepitaba liberando un calor agradable.Vlad se quedó unos minutos de pie, cerca de la ventana, observando la lluvia deslizarse por el cristal. Había algo contemplativo en él cuando miraba las tormentas. Luego se acercó al aparador, sirvió vino para ambos y llevó una de las copas hasta ella. Elena había dejado de leer y aceptó la copa con una sonrisa suave.S
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