Capítulo 164: El heraldo de las sombrasLa lluvia arreciaba contra los cristales, creando una cortina de agua que aislaba la biblioteca del resto del mundo. Caín mantenía la palma de su mano abierta, esa cicatriz plateada brillando como un espectro bajo la luz de las brasas. Aurora no podía dejar de mirarla; era el mapa de una vida que ella apenas empezaba a comprender.—Me pides que te cuente cómo se sintió ese juramento —dijo Caín, su voz descendiendo a un registro grave, casi monocorde—. La verdad, Aurora, es que en aquel entonces no cambió nada. Éramos dos jóvenes humanos, arrogantes y llenos de vida, que creían haber jugado a ser dioses en un templo olvidado. Seguimos siendo hermanos. Éramos inseparables.Caín hizo una pausa, y su mirada se volvió distante, viajando a una época donde el hambre era su única preocupación.—Yo era huérfano. Dilan solo tenía a su madre, pero la pobre mujer pasaba más tiempo enferma que sana. Vivíamos prácticamente en el bosque, Aurora. Éramos salvajes
Leer más